LA MEDALLA DE LA VERGÜENZA

El Gobierno de Extremadura ha decidido hacer entrega de la Medalla de Extremadura a un Colegio privado-concertado en el Día de Extremadura de este año. Este reconocimiento ha dolido en todos aquellos extremeños y extremeñas que saben que la Educación Pública es la verdadera artífice de la modernización de nuestra región, a quienes saben que solo una escuela que llegue hasta el pueblo más pequeño y que atienda a las necesidades educativas de los más desfavorecidos es la que posibilita la igualdad de oportunidades. Esta formación pública es la que ha abierto las puertas al desarrollo de la región, siendo los maestros y maestras, padres y madres los que cada día defienden el derecho a una educación de calidad como única forma de sortear las injusticias. Pero tranquilos, que no va a afectar ni un ápice la concesión de esta medalla ni el sentimiento de que la Educación Pública es tratada como de segunda clase a la calidad educativa de la Educación Pública. De hecho así les ocurre a la mayor parte de docentes que durante todos estos años de democracia han dedicado y seguirán dedicando su vida a enseñar a las distintas generaciones de extremeños, a extender la red pública por los sitios más necesitados, a las zonas rurales más deshabitadas, intentando realizar una labor de integración e inclusión a los distintos niños y niñas de nuestra región. Los y las docentes públicos van a seguir la semana que viene con su trabajo, con su labor sorda pero transformadora, con sus cientos de retos que tienen por delante un curso más, por que cada niño es eso, un reto, una nueva misión que cumplir cada curso, con sus pequeños problemas, su realidad personal, sus necesidades educativas, su ritmo de aprendizaje.

Pero parece ser que a nuestros gobernantes no les ha interesado preguntar ni se han atrevido a que la sociedad extremeña se pronuncie sobre si esa Educación Pública y ese colectivo docente no es merecedor de ninguna medalla. Dentro de su visión de una Extremadura fuera de la realidad la medalla la merece un colegio privado-concertado religioso. Ellos sabrán. Ellos se retratan frente a la Extremadura real. Así no nos representan. Parece ser que el Presidente de la Junta de Extremadura estudió en ese centro, ¿y qué? Que se pasee por los Centros Públicos de nuestra región. Que los cuiden, que los mimen, que traten bien a sus profesionales y a su comunidad educativa. No queremos medallas, queremos que Extremadura sea cada vez una región mejor, más avanzada, más igualitaria pero, a la vez, nos duele que nuestro trabajo y esfuerzo otra vez más no sea reconocido por las instituciones. Aunque tenemos la satisfacción de que este reconocimiento Le pese a quien le pese, lo consiguen día a día, y lo llevan consiguiendo desde hace ya más de 40 años, los miles de profesionales docentes que lo han hecho posible que la sociedad extremeña en su conjunto, y no solamente una élite, tenga ahora más oportunidades de prosperar y mirar sin complejos al mundo que les rodoea. Esos y esas docentes, muchos de ellos que ya nos abandonaron, son los que no merecen ninguna medalla. Y no es que la quieran, créannos, les basta con ejercer dignamente su profesión y estar en contacto con quienes les necesitan, sus alumnos y alumnas pero sin duda se la llevan mereciendo hace muchísimo tiempo.

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